sábado, 17 de febrero de 2018

One Piece: Gold


Como buen fan de One Piece, me sorprendí gratamente cuando se anunció que la última de sus películas se pasaría por las pantallas de cine. Como buen despistado que soy, no ha sido hasta ahora que he conseguido verla (si es que…).


Con más de veinte años en antena, la serie One Piece se ha convertido en una de las series más longevas que siguen en activo. Las aventuras de los Piratas del Sombrero de Paja aguantan las temporadas en plena forma, quizás incluso en su mejor momento. Como se suele hacer en las series japonesas de éxito, cada par de años se lanza una película con una historia paralela dentro del retablo general de la trama, destinada a arrasar en los cines. Tradicionalmente, occidente se ha limitado a ignorarlas, con alguna aparición intermitente en el mercado del vídeo, pero poco más. Sin embargo, después del éxito (inesperado y descomunal) de Dragon Ball: La batalla de los dioses, poco a poco más distribuidoras se atreven a traer estas propuestas y pasarlas por la gran pantalla. Han llegado películas de Naruto, DragonBall y, ahora, One Piece :).

La historia se sitúa en algún momento después de la saga de Zou. La tripulación se ha reunido de nuevo y llegan a una isla-casino gigante, destinada a la diversión y el juego sin fin. En el lugar todo parece dedicado al entretenimiento, pero cuando Gild Tesoro, el regente del lugar, se entera de que la banda de piratas más buscada de la Grand Line se halla en sus dominios, pondrá todo su empeño en capturarlos.

Por suerte para todos, no se trata de un capítulo alargado de la serie (como sí son la mayoría de las películas anteriores de One Piece, con la excepción de Strong World), sino una película concreta y definida protagonizada por los mismos personajes de la serie. Quizás tiene el problema de que gasta 0 minutos en presentar a los personajes (se da por supuesto que ya los conocemos), pero no escatima esfuerzos para desarrollar una trama que podría haber conformado una saga de 40-50 capítulos sin el más mínimo inconveniente. Además, se las arregla para reservar un momento de gloria a todos y cada uno de los personajes de una manera lógica, y propone un antagonista a la altura de lo exigido, con carisma y poder para merecer su nombre, sin fumarse (ejem ejem) más de lo debido.

Se nota que la recreación de este Las Vegas piratil supervitaminado está realizada con ganas. No en vano está destinada a la pantalla grande y no a una descarga rápida del ordenador. Por ello, hay margen para el lucimiento. La isla de Gran Tesoro goza de una animación fluida y un diseño brillantemente colorido, que se guarda escenas espectaculares bajo la manga, como la carrera de coches o el desenlace de la pelea final.

Puede que el guión no sea nada del otro mundo, pero combina aventuras corsarias, la mitología de los súper-héroes, toques de músical, thriller, mechas y otras fumadas delirantes sin más cuentas a rendir que las que exige el hedonismo más disfrutable. One Piece: Gold se arroja sin complejos dentro de la comedia de aventuras épica más desmadrada (lo que es la serie, vamos) muy aprovechable y divertida, muy por encima del resto de películas que se han hecho dentro de la franquicia.


Obviamente, se trata de una película realizada por fans para fans. Hay cariño, mimo y esfuerzo. Por ello, cualquier seguidor de la saga disfrutará con ganas de 100 minutos de buena diversión con unos viejos amigos. El resto no entendería muy bien que encontrará al ver esta propuesta, más allá de una estupenda película de aventuras poblada de unos extraños personajes que le son desconocidos (que igual puede servir de punto de partida para empezar a conocerlos).

Si cada año tiene que salir una película de One Piece así de divertida, que Oda siga con ello, por favor (pero que no se olvide de la serie).

Nota: 6
Nota filmaffinity: 6.6

miércoles, 31 de enero de 2018

El Resplandor

Una de las cosas que no sabía de esta recóndita ciudad escocesa dónde he estado escondido un añete es que organiza uno de los festivales de cine de terror más prestigiosos del país. ¡Toda una sorpresa encontrarse la ciudad llena de zombis, vampiros y otros seres de ultratumba!

Dentro de las muchas actividades del festival, acudí a ver El resplandor, película que venía precedida de un coloquio sobre la misma, en la que se departió sobre curiosidades, anécdotas, escenas curiosas y otras innovaciones del film que, a decir verdad, hicieron su posterior visionado mucho más aprovechable.

Nombrado como guardián del hotel Overlook durante su clausura invernal, Jack Torranche (Jack Nicholson) espera escribir la gran novela americana. Se instala allí con su mujer Wendy (Shelley Duvall) y su hijo Danny (Danny Lloyd), dentro de este palacio aislado en el que, diez años antes, un antiguo guardián descuartizó a su mujer y sus hijas.

Poco a poco, apariciones y otros fantasmas hacen presencia en las vacías salas, invitando al pequeño a abandonar a sus padres y persuadiendo al progenitor de que la única manera de salvar a su familia es acabar con la vida de todos sus allegados. Sin posibilidad de pedir ayuda, Wendy y Danny descubrirán la locura homicida de Jack….

A esta altura de la vida, se han escrito ríos de sangre sobre la película. Poco puedo explicar yo que no se haya contado mil veces, más allá de que es un auténtico peliculón.

Si nos proponemos empezar por su faz más reconocible. Jack Torrance es, por derecho propio, uno de los iconos del cine, mérito enormérrimo de  un Jack Nicholson en estado de gracia, medio desquiciado por el alcohol y las demoledoras condiciones de rodaje que imponía Stanley Kubrick. Lo único que se le podría achacar es que no me cuadra que no estuviera ya como una chota antes de entrar a trabajar en el Hotel Overlook, si es que da miedo nada más verlo (¡po’ favo’!). A su alrededor, la víctima del doblaje Shirley Duvall es mucho más compadecible en versión original (esa Verónica Forqué…) y el pequeño Danny Lloyd es pura ternura y terror.

El último actor de la película es el propio hotel Overlook. Conocido por su minuciosa preparación, Kubrik genera una puesta en escena que incomoda y genera malestar. Sin necesidad de monstruos asquerosos ni golpes de sonido, simplemente con una atmósfera malsana y un escenario hipnótico se basta para crear uno de los desenlaces (y desarrollos) más terroríficos del cine. Es curioso descubrir que prácticamente todos los escenarios fueron creados exprofeso para la película, tanto el hotel como el laberinto, pues Kubrick no quería alejarse apenas de Londres bajo ningún concepto. Sólo el viaje en coche inicial se rodó en exteriores (en algún lugar de las Rocosas estadounidenses), reutilizado de otro film para que el maniático director no tuviera que moverse de su casa. La multiplicación de tomas (impensable en la época), la asfixiante dirección de actores (que acabaron hasta las narices del director) y las innovaciones técnicas (especialmente el uso intensivo de la Steadycam, una cámara que se podía llevar en un arnés, mucho más ligera de los mastodontes de la época) alimentan todavía más la reputación de perfeccionismo del cineasta.



También hay que destacar la masterclass que da Kubrick en el tratamiento del sonido, mezclando susurros con arreglos orquestales inquietantes cuando debe hacerlo, sin un silencio ni un sonido de relleno. Por lo hablar ya de la fotografía, con sus colores vivamente saturados, pensados para generar incomodidad y hacer nuestra estancia en el asiento todavía más perturbadora.

El resplandor es, sin duda, un referente de su género, pero se hace curioso comprobar como es una adaptación horrenda de la impresionante novela de Stephen King. Cualquiera que conozca los perfiles de ambos genios tendrá probadas muestras de sus descomunales egos y su incapacidad para rectificar o alejarse de aquello que consideran que es correcto. Como Kubrick tenía pensado hacer una adaptación muy libre del libro, manteniendo apenas el planteamiento original, King no pudo soportar de ninguna de las maneras la perversión que se iba a hacer de SU obra. De acuerdo con los rumores y las historias que circulan, el choque de voluntades que hubo en las primeras semanas de rodaje fue monumental, peleas continuas que acabaron con el escritor abandonando el proyecto, renunciando cualquier derecho sobre la obra fílmica y exigiendo que se quitara su nombre de la misma. Tampoco es que el resto de adaptaciones de King sean mucho mejores, pero seguro que nunca tuvo que enfrentarse a un tráiler sin frenos tan testarudo como Stanley Kubrick.

Al final, tenemos dos obras que no comparten más que título y argumento. Dos impagables ejercicios de talento, únicos ellos en su género y que no podemos dejar pasar de ninguna de las maneras, pero que, en su desarrollo y desenlace no podrían ser más diferentes. A fin de cuentas, ¿por qué quedarse con uno cuando se puede sufrir gozosamente con ambas?

Curiosamente, El resplandor es considerado uno de los mejores ejemplos de un doblaje fallido en España. A pesar de (o a causa de) estar supervisado personalmente por Stanley Kubrick, la elección de las voces en castellano es realmente horrible. Es especialmente sangrante el caso de Shelley, cuya voz es tan desagradable que no deseas otra cosa que Jack Torrance le arranque la cabeza de una vez (justo lo contrario que deberías desear ^^) No dudo que Verónica Forqué puso toda su alma en hacer un buen trabajo, pero las exigencias del director provocan el naufragio total del personaje. Ésta es una de las pocas veces en las que la versión original es casi obligatoria. ¡Cómo mejora la película!

En fin, la incursión de Kubrick en el cine de terror hace de El resplandor uno de los films más influyentes de su género, aterrorizando a generaciones de espectadores con un escenario idílico, desierto y aislado, en el que una maligna tensión invade lo que debería ser un remanso de paz y relax. Del chillón de guiños, versiones y homenajes que se han hecho de este film, no puedo sino recomendar el episodio-parodia a cargo de Los Simpson en la Casa-Árbol del Terror III, una vuelta de tuerca muy simpática y llena de mala leche (sin tele y sin cerveza, Homer pierde la cabeza…)

Solamente os puedo decir que debéis visitar el Hotel Overlook dos veces en vuestra vida (de las dos maneras posibles :p), y a ser posible en inglés. En el caso que nos ocupa, recomiendo inquietarse con deleite con una puesta en escena inmejorable, un guión laberíntico y un Jack Nicholson en estado de gracia.


Nota: 10
Nota filmaffinity: 8.2


Nominada a dos Razzie (director y actriz). Si, anda… xDDD

lunes, 29 de enero de 2018

La dama de las camelias (Alejandro Dumas, hijo)

Después de un libro de Warhammer y uno de fútbol, se necesitaba algo más clásico y mundano. Cojo entonces el libro 18 de la Cesta’13 que viene al pelo. Después de todo, Dumas es Dumas (por muy hijo de que fuera). Hace mucho que no cae nada romanticón y ya es turno :p


Título: La dama de las camelias
Autor: Alejandro Dumas (hijo)
Título original: La dame aux camélias
“La Dama de las Camelias es la historia de amor de Margarita Gautier y Armando Duval. No es una historia frecuente, sino una de las más pasionales historias jamás escritas. Se trata del amor nacido entre una prostituta y un joven aristocrático que resuelven sobreponerse a tanta dificultad y luchar en pos del amor. Desconociendo las ofuscaciones que se forman a su alrededor, se retiran de la vida mundana de París y deciden refugiarse en el campo a disfrutar de cinco meses de amor idílico. Cuando ya tienen su futuro programado, los prejuicios dejan de rodearlos e invaden en su realidad consiguiendo que Margarita se vea obligada a adoptar la más cruel decisión y separarse de su amado.”

Lo que yo desconocía de La dama de las camelias  es que se trata de la historia en la que se inspira Verdi para crear la ópera de La Traviata. Me hizo mucha gracia reconocer la historia y conocer el libro original de donde se sacó –aunque claro, ya sabía que iba a pasar ;)-. Si es que la falta de imaginación en los guiones de las adaptaciones no es nada nuevo (4 años entre el libro y la ópera, jeje), ¡ya les pasaba incluso antes de inventar el cinematógrafo!

Dumas (hijo), periodista de profesión, escribe esta novela basándose en hechos reales, que dijo le habían ocurrido a un amigo que prefería mantener en el anonimato (si, un amigo, jeje). Se convirtió en un best-seller desde el primer momento de su publicación, con adaptaciones al teatro casi instantáneas, una ópera “poco conocida” y un mogollón de películas que la adaptan con mayor o menor fortuna. De ellas, recomendaría dos, la versión de Antonioni, de mismo título y la muy libre Moulin Rouge, de Baz Luhrman).

La novela se suele ubicar dentro del movimiento literario del realismo, al presentar una historia con fuertes bases costumbristas de la burguesía de la época (principal consumidora de literatura), pero supongo que también podría ubicarse en los inicios del romanticismo (por fechas cuadra), pues nos presenta un conjunto de amores imposibles a causa de los prejuicios sociales y el hipócrita modo de vida de la época.

Me ha hecho mucha gracia la estructura de relato a dos voces que utiliza Alejandro Dumas, presentándonos un narrador-editor (un trasunto del propio autor) al que le cuentan la historia, que intenta transcribir con la mayor literalidad pero que no puede evitar meter baza a cada momento; además del narrador-protagonista, Armando Duval, el desdichado enamorado que cuenta los hechos desde su punto de vista.

El Editor, del que no sabemos su nombre, protagoniza apenas un par de capítulos, mostrándose como un curioso ricachón con mucho tiempo libre ya entrado en la madurez. Un puntito de melancolía y las ganas de marujeo le llevan a interesarse por la historia, que luego trascribe por la belleza de sus sentimientos. Me hacen mucha gracia todos los momentos que tiene de “no quiero juzgar lo que ocurre pero mi opinión es que…”, sin que por ello tengamos nada que nos haga pensar que no es sino una buena persona algo chismosa.

El enamorado no es otro que el burgués Armando Duval. Me encanta la decisión del autor de contar la historia como si fueran sus recuerdos, rememorándola con exactitud sin perder la perspectiva de lo ocurrido y las consecuencias de su relación. Desde un primer momento se nos presenta como un tonto enamorado, con dinero para vivir de rentas, pero no suficiente para “comprar” el amor de una de las cortesanas más ricas de París, de la que se ha encaprichado. A medida que avanza la historia, descubrimos con agrado que no se trata de un amorío pasajero, sino que está pillado hasta las trancas, pero como es normal en la época, está tan lleno de amor como de celos, enfados, miedos y angustias. Sabe que su amor es incomrpendido y sufre por ello, pues no gana suficiente para “retirar” a su amada ni puede impedir las risas y enfados de sus allegados…

El objeto de su amor es la cortesana Margarita, al principio es una cínica descreída del amor de los hombres, a los que acompaña por dinero y otros favores, desconfiada a causa de la complejidad del egoísmo de los hombres. Encuentro esa extraña honestidad inesperadamente refrescante en una sociedad tan hipócrita y desconfiada. Sin embargo, a medida que avanza la relación, vamos comprendiendo la profundidad del personaje, su gran inteligencia y el dolor que han provocado en ellas las mentiras de unos y otros.. Su capa de vanidad y amor por los diamantes deja ver rápidamente un carácter empático y adorable, que lamenta la imposibilidad de que exista un hombre bueno (y soltero) en este mundo. 

Dumas pinta un vívido retrato del Paris de mitad del XIX, repleto de maduros y jóvenes adinerados que tienen sus mantenidas en secreto, bajo las normas de los dobles raseros y la superioridad moral de la “decencia” que dicta qué se debe hacer y qué no. Es por ello esperable desde el primer momento que el amor entre un burgués y una cortesana, una extraviada (traviata) caiga dentro del romanticismo de los amores imposibles más allá de toda medida, de estos que se oponen a la sociedad establecida y se convierten en eternos por los sacrificios desmedidos que requiere de los enamorados.

El comportamiento de ambos enamorados despide un ingenuo idealismo que se hace entrañable, especialmente con la dulzura con que está escrita, que permite adentrarse en sus sentimientos con agrado. Puede que el desarrollo sea harto previsible, pero estamos hablando de uno de los referentes más imitados de la novela romántica, por lo que es casi esperable.


Se hace curioso volver a la literatura de tacitas después de tanto tiempo, en la que el género del romanticismo más clásico chirría menos. La ambientación de época nos indica que eran otros tiempos, en los que el “qué dirán” podía destruir vidas con facilidad, con los prejuicios y el honor dictando de quién era adecuado enamorarse.

La dama de las camelias es un libro bellamente escrito, que permite disfrutar del camino que lleva hasta su desenlace. Despide ingenuidad por todos los poros y es obviamente una obra de su tiempo, pero eso no debería impedir a un lector amable disfrutar de una triste historia de amor de otra época.

Nota: 7
Nota goodreads: 3.98/5

viernes, 26 de enero de 2018

Parásito: Parte 1

Érase una vez uno de estos días que está uno aburrido y tenía ganas de ponerme un entretenimiento facilón. No estoy muy seguro de que realmente quisiera ver una chorrada de estas que hacen los japoneses, pero a la que me di cuenta ya había puesto la película y bueno… hay cosas que no se dejan a medias.


Los “parásitos” son unos extraterrestres que se infiltran en nuestra sociedad, invadiendo y tomando el control de los humanos-huésped, con el objetivo de conseguir la dominación mundial. Shinichi, un tímido estudiante cualquiera, no habría sufrido una suerte distinta de los demás, si no fuera porque Migi -su parásito,-es también algo torpón y no consigue más que poseerle la mano. Como la muerte del anfitrión conlleva la muerte del parásito, ambos no tendrán otro remedio que colaborar para detener la invasión y la ola de asesinatos que los extraterrestres están causando.

Parásito se basa en el manga del mismo nombre (que no he leído), creado por Hitoshi Iwaaki entre 1988 y 1995, considerado uno de los referentes de la comedia de terror/gore japonesa. Realmente no estaba preparado para una bastardada de este calibre.

Si bien el planteamiento parte desde una base clásica similar a La invasión de los ladrones de cuerpos, se hace evidente desde el primer momento que la película apuesta por el humor más hemoglobínico, combinado con gore bastardo de una pulcritud inusual. Esta suerte de El diablo metió la mano algo trasnochada (que ya es decir) es una fumada continua en la que (casi) cualquier cosa es posible, con hilarantes resultados.


Ahí está una de sus bases fuertes, pues a base de una total falta de compromiso con la vida humana y toneladas de cabezas volando aquí y allá se marca sus gags bien descacharrantes (si es que en el fondo, Migi es un cachondo). Estupideces que, por otro lado, no impiden el desarrollo (ejem) de un argumento coherente (ejem ejem) en el que los gags están incluso al servicio de la historia y no al revés, marcándose un par de giros emocionales capaces de arrearte un buen puñetazo en el estómago que no se ven venir(SPOILER la muerte de la madre de Shinichi FIN DEL SPOILER). 

No obstante, el ritmo adolece de la parsimonia habitual de las propuestas japonesas, con valles pseudo-cientifistas que se pueden hacer pesados entre una ronda de casquería y la siguiente. Me inclino a pensar que quitando 10-15 minutitos el conjunto habría ganado en frescura y disfrute.

Toda la sangre, vísceras y demás desmembramientos varios están completamente diseñados por ordenador. Con ello se evita ese punto viscoso que hace desagradable el gore más clásico. Se busca, no obstante, un efecto cartoon muy deudor de los animes más brutotes, que favorece la comicidad del salvajismo. Sin ser nada del otro mundo, los efectos especiales son muy resultones, especialmente con los extraterrestres, tan obviamente fuera de la realidad que no chirría verlos en pantalla. Esto no impide que vayamos a ver como unos 200 muertos cada diez minutos, trozos de cuerpo volando por doquier y un chorrón de sangre por todos los escenarios. Es una de las gracias de la película y se recrean mucho en ella. Evidentemente, es algo que puede hacerse desagradable a muchos espectadores, que no deberían acometer su visionado si son sensibles a este tema.

Finalmente y como ya se podría esperar en una propuesta de este estilo, los actores no es que destaquen por su trabajo (y menos los que interpretan a los robóticos extraterrestres), aunque se les agradece el esfuerzo y no se hacen desagradables.

Como película-adaptación sabe ser simpática, se le va la castaña con mucho estilo y combina bien los momentos cómicos, los puntos de drama, las carnicerías cachondas y escenas de acción de lo más salvaje. A su sanguinolenta manera, es una película muy disfrutable para los ávidos del género, que seguro se echarán unas risas sin complejos con ella.

No renuncia a ser una chorrada con mucho estilo y se atreve a dejar un final abierto para una secuela que supongo que acabaré viendo un año de estos. Mira que es una película sin sentido, pero se nota que los creadores le han puesto ganitas y cariño (cómo se agradece).

Nota: 5
Nota filmaffinity: 6.1

miércoles, 24 de enero de 2018

366 Historias del fútbol mundial que deberías saber (Alfredo Relaño)

Hace ya algún tiempo leí Memorias en blanco y negro, un compendio de historias y anécdotas deportivas de una época pretérita compilado por Alfredo Relaño, muy entrañable y refrescante.
Por ello, cuando encontré este tocharro con más anécdotas, decidí que repetiría la experiencia.

Título: 366 historias del fútbol mundial que deberías conocer
Autor: Alfredo Relaño

“¿Sabías que Brasil no estrenó su clásica camiseta amarilla, la «verdeamarelha», hasta 1954?, ¿que el Manchester United y el Liverpool, rivales encarnizados, amañaron un partido para que el Manchester no descendiera?, ¿que la primera gran bronca entre Madrid y Barça se remonta a 1916, cuando empataron a 6 goles en un mítico partido?, ¿que 33 años después de matar con una moto al legendario Gigi Meroni el homicida involuntario se convirtió en presidente del Torino?, ¿que la película Evasión o victoria se inspiró en un partido verdadero disputado entre prisioneros de guerra ucranianos y nazis?, ¿que fue un periodista gaditano el que inventó las tandas de penaltis?, ¿que un prisionero de guerra alemán defendió la portería del Manchester City? o ¿que el Real Madrid fue rechazado en el campeonato catalán?... Esto y mucho más encontrarás en las páginas de este fantástico y definitivo libro. 366 historias escritas por uno de los periodistas deportivos más importantes de nuestro país que nos hace recordar con nostalgia algunas de las historias olvidadas del juego más hermoso jamás inventado.”

366 anécdotas, una para cada día del año (bisiesto). Ya que estaba dividido de esta manera, decidí seguir esa guía e intentar leer 1 historia cada día. Una pequeña gesta del futbol que seguro (o no) desconocía, ventilada en un bocadito de cinco minutos, ideal para las visitas al lavabo o para leer durante el cafetito diario. Es verdad que no siempre encontraba el momento, pero bueno, tampoco tenía prisa.

Los dos primeros meses fueron realmente divertidos. Las anécdotas tenían su picante, se leían en un suspiro y los saltos temporales permitían que no se volviera repetitivo.

Sin embargo, pasado el ecuador de la aventura, el libro me empezaba a chirriar considerablemente. El principal problema que encontré es que se tenía que resumir todo en 2 paginitas, en vez de las 10 que se usaban para Memorias en Blanco y Negro. Por ello, el meollo se quedaba a medio contar. Se situaba la historia, pasaba algo y se acabó. La de veces que me quedé con ganas de saber cómo acababa el lance, de que hubiera más espacio para poder descubrir algún detallito tonto que seguro todavía andaba escondido…

Además, el tema es ÚNICAMENTE fútbol. Acaba cansando leer la enésima gesta conseguida por tal equipo de barrio que sólo se diferencia de tal otro equipo de barrio en el nombre (de Inglaterra, Argentina, España…). Estoy seguro de que tratar el libro habría ganado mucha frescura si hubiera habido un poco de variedad en los deportes, evitando leer (casi) la misma historia una y otra vez. Este efecto era especialmente grave cuando se contaba la misma anécdota dos veces, una desde el punto de vista de un equipo, otras desde el otro, o desde un jugador concreto… Que sí, puede en verdad estuviera leyendo cada anécdota con unos meses de diferencia, pero perdía toda la gracia al recordar qué era lo que iba a ocurrir sin que esta nueva entrega aportara nada realmente nuevo.

Finalmente está el tema de llenar 366 días. Para un libro de relatos, 15-20 anécdotas jugosas entran finísimas, pero si tienes que hacer una columna para cada día –y encima limitándote al futbol- te ves obligado a rellenar un buen puñado de memeces que no llegan siquiera al nivel de anécdota chorra. Encontrarte una o dos es un lance asumible, pero cuando los rellenos se acercan peligrosamente a la cincuentena, el libro pierde mucha (pero que mucha) gracia.

Lo que más me fastidia es que, individualmente, hay un buen puñado de historias interesantes a las que se les podría sacar mucha punta. A causa de esto, lo que podría haber sido un interesante libro de relatos (como fue el libro anterior) se transforma en un repetitivo ejercicio de lectura ligera que acaba por no aportar absolutamente nada, ni siquiera una sonrisa fruto de un chascarrillo acertado.
No niego que la idea tuviera su enjundia pero su ejecución lastra el disfrute que hubiera podido proporcionar.

Nota: 3
Nota goodreads: 3.22/5

miércoles, 10 de enero de 2018

Martillo de Demonios (Ben Counter)

Pues mira, hacía bastante que no leía nada del Universo Wh40k (bah, apenas tres meses) y ya puestos que se puso por delante, decidí acabar con una de las sagas más particulares dentro de la franquicia, la de los Caballeros Grises.

Título: Martillo de demonios
Autor: Ben Counter
Título original: Hammer of Daemons

“Después de que las fuerzas imperiales sufrieran una aplastante derrota a manos del Caos, Alaric, el caballero gris, es capturado y llevado a un mundo demoníaco en el Ojo del Terror. Desprovisto de su armadura y de sus armas, se ve obligado a luchar como gladiador para sus señores, quienes adoran al dios Khorne. Sólo podrá escapar si encuentra un arma legendaria con el poder suficiente como para destruir a las fuerzas del Caos que lo mantienen prisionero. Obligado a someterse a la voluntad del Dios de la Sangre y a convertirse en un verdadero monstruo, deberá combatir mutantes, xenos, guerreros del Caos y al terrible Duque Venalitor para poder liberarse del yugo de sus captores. Finaliza la saga de Los Caballeros Grises.”

Después de lo más parecido a una novela negra y a una novela de terror gótico que ha habido en el cuadragésimo primer milenio, cambiamos otra vez los esquemas. Esta vez la novela no tiene como protagonista a la Inquisición, sino al Caos. No en vano, Alaric no es más que una excusa para mostrarnos un mundo dedicado por completo al culto de Khorne, el dios de la muerte y la sangre, aprovechando así para generar una novela de acción pura con un sinfín de guerras, matanzas y otros espectáculos hemoglobínicos varios.

A diferencia de lo que ocurrió en los dos libros anteriores, Ben Counter abandona cualquier pretensión de contar una historia concreta. Como si estuviera imitando al Conan hibório o al Espartaco de los Starz, las páginas son un continuo de luchas y bravuconadas con escenario variable. Está protagonizada por el juez Alaric que se supone que conocemos de otras aventuras, pero podría ser cualquier Marine, cualquier atisbo de personalidad que pudiera tener porque ha desaparecido, más allá del propio tópico del Adeptus Astartes. Del resto de seres que pululan por las páginas tampoco podemos decir mucho, pues la mayoría no pasan de ser nombres intercambiables que van a morir o matar.

Asimismo, la historia se emburulla extrañamente y se hace dificil encontrar un sentido a lo que está ocurriendo. Cuesta comprender las razones (ejem) que mueven a los personajes, conduciendo hacia un desenlace final porque patata al llegar a las últimas cinco páginas del libro. Sin carisma ni profundidad, podría parecer que la novela es aburrida, pero la verdad es que no. Contiene tanta acción descerebrada tan bien coreografíada que divierte con ganas como entretenimiento vacuo. La calidad de Counter a la hora de pintar escenas sigue vigente, sin dejar un momento de respiro que pueda evitar que pases páginas sin parar.

Quizás es que Ben Counter quería escribir un libro dedicado a los malos y no le dejaron, o iba a estar protagonizado por otro personaje y luego las decisiones editoriales forzaron a meterlo de la saga de los Caballeros Grises, pero no acabo de entender tanta diferencia respecto a sus dos novelas precedentes. Han desaparecido las historias complejas, los personajes con aristas y el carisma de la Inquisición Imperial y quedan las toñas, los tiros y los desmembramientos.


Podríamos decir que se distingue del cánon habitual en la franquicia por la gratuidad de la acción (que ya es decir). De la misma manera, también debemos reconocer que los juegos y las matanzas son presentados con habilidad, las páginas pasan con ritmo y, aunque no se sepa muy bien hacia dónde va, el viaje es divertido.

Nota: 5
Nota goodreads:  3.9/5

domingo, 7 de enero de 2018

Recomendaciones (de Mt) del año 2017: Series


¡Hola a todos! Tal como hice el año pasado, me arrogo también el deber de otorgar también las Recomendaciones (de Mt) del año a las series. Y no es que haya visto pocos capítulos, ¡ni mucho menos! Cuando empecé el repaso, creía que iba a tener un buen montón de ellas entre las que escoger, pues a lo largo del año he visto capítulos de 21 series diferentes, pero luego acabar… ¡he acabado poquitas! Y de acuerdo con mis reglas que me autoimpuse…sólo hablaré de aquellas que he acabado este año, es decir, de aquellas que he visto el último capítulo de la misma (y ya no habrá más) a lo largo de estos últimos 365 días, que doy por finiquitada, vuelva o no por sus capítulos en un futuro próximo o lejano.

Las tres series (completamente terminadas) que he decidido destacar este año son bien diferentes. Tanto que no comparten ni género, ni temática ni país. Quizás son algo irregulares en su conjunto, pero sus momentos de inspiración son más que suficientes para hacerse merecedoras de aparecer por aquí.

La primera de ellas proviene de un país del que nunca hubiera esperado premiar una serie. La Zona es una serie patria. Movistar se suma al carro de la producción propia en su canal de series con un mastodonte que busca emular las más prestigiosas producciones provenientes del otro lado del charco. Con un estilo clarísimamente deudor de la HBO, La zona es una serie de 8 capítulos de 1h que nos sitúa en un futuro cercano, en el que una serie de atroces crímenes se suceden en el área de descontaminación de una central nuclear asturiana, destruida pocos años antes. Cuando el inspector a cargo -un estupendo Eduard Fernández- hunda un poco el hocico en la investigación, se encontrará con un lodazal de turbios secretos en torno a la “accidental” explosión de la central, tocando las narices a aquellos que no desean ser molestados. Se notan los abundantes medios con que está realizado este notabilísimo thriller: una fotografía espectacular que acentúa una atmósfera sombría muy lograda, grandes escenarios naturales, una buena plétora de actores… Lo dicho, si no fuera porque es muy nuestra, podría colar como una producción de la HBO. Un ritmo un pelín más vivo en su media parte le hubiera sentado bien, pero está tan por encima de la producción nacional habitual que no puedo sino destacarla.

En la Tierra de Aang, las cuatro naciones (asociadas a los diferentes elementos) vivían en armonía, pero todo eso cambió con el ataque de la nación del Fuego. Después de cien años de guerra, la aparición de un niño que puede dominar los cuatro elementos puede salvar al mundo –o acabar con él-, pero este niño todavía tiene mucho que aprender…
Avatar: la leyenda de Aang es una producción del canal estadounidense Nickelodeon de lo más curiosa, pues sigue punto por punto todas las reglas del shonen japonés más clásico. La construcción de los personajes, el estilo de los combates, la trama en torno a un improbable elegido y sus continuos power-up… todo. Sin embargo, la animación y el diseño de la imaginería sigue unos cánones  perfectamente occidentales. Una mezcla de lo más curiosa.
Compuesta de tres temporadas de 20 capítulos cada una, tiene el problema de ser claramente infantil en sus inicios, con capítulos que se pueden hacer bastante durillos para el espectador más curtido. Por suerte para todos, la serie va cogiendo un tono más juvenil y trascendente, especialmente a partir de la segunda temporada, con la aparición de los mejores personajes de todo el conjunto. Al final, te queda una serie que goza de una trama bien llevada, introduciendo dilemas éticos muy curiosos (sin dejar de ser juvenil), acción bien molona, personajes carismáticos y un final de bandera (cuando parece que la van a cagar con todo el equipo xD).

Como ya pasó con los libros, la última de las Recomendaciones (de Mt) de este año es también una propuesta con los pies MUY en la Tierra. Desde Dinamarca nos llega una serie que considero obligatoria (al menos en su primera temporada) para toda persona que quiera atreverse a hablar de política. Borgen nos cuenta la historia de Byrgit Nielsen y su partido político que, debido a una inusual serie de acontecimientos, acaba al mando del Parlamento danés (el Borgen), dirigiendo el país. Este grupo que venía concienciado para hacer de ruidosa y minoritaria oposición se ve obligado a comandar el futuro de su nación, aprendiendo sobre la marcha todos los resquicios y las intrigas del poder. Con un guión afilado como el Sorkin más inspirado vamos viendo como el idealismo choca contra la vida real y las concesiones van apareciendo aquí y alla: menos tiempo con la familia, es necesario pactar y ceder en algunos temas para ganar en otros… Sorprende y deleita por el realismo de sus primeras 2 temporadas, memorables por la calidad de sus diálogos, el carisma de sus protagonistas y la profundidad de sus tramas. Lamentablemente, un cambio de guionistas convierte la tercera (y última) temporada en más que prescindible. Igualmente, una serie que no podéis dejar pasar de ninguna manera, al menos los primeros 10 capítulos que son canelita de la buena buena.

Y ¡chim pum!, ésta es la conclusión de mi resumen del año. Seguro que dentro de esta marabunta de recomendaciones de todo tipo encontrarás alguna propuesta interesante con la que disfrutar, pasar un buen rato y, quién sabe si cambiarte la vida.


¡NOS LEEMOS!