jueves, 24 de mayo de 2018

XX/XY


Uno suele intentar evitar ver malas películas. Siempre es conveniente informarse para evitar llevarse chascos, pero a veces se falla. La verdad es que esta película venía etiquetada como “Ellos y ellas”, por lo que yo esperaba ver una película de Marlon Brando. Cuando vi salir en pantalla a un jovencísimo Mark Ruffalo, me di cuenta de que no era lo que esperaba, pero bueno, ya que la habíamos empezado, había que acabarla….

XX/XY nos arroja con violencia la vida de unos desbocados universitarios durante los años en que se alejan por primera vez de la supervisión de los papis. Las juergas entre clase y clase son continuas y los jóvenes se frotan con ahínco. Tres de ellos, imbuidos por la desbordante sensación de invulnerabilidad propia del momento, se embarcan en una relación triangular repleta de sexo en la que compiten por ver quién es el menos apegado, el más chulo y arrogante… Obviamente, su orgullo les impide reconocer lo atrapados que están, lo que llevará a situaciones llenas de sarcasmo, comentarios ácidos, momentos (pretendidamente) cómicos y, sobretodo, toneladas de auto-odio y reacciones estúpidas.  

A la película se le notan ganas de transgredir. La actitud inicial de todos los personajes es pura provocación nihilista, pero a la que rascas algo más allá de la superficie se puede comprobar que no hay nada de poso. Los diálogos son de lo más risible y el ritmo entre polvo y polvo no es el más cómodo para mantener el interés de un espectador, mientras se está desarrollando una trama con poco sentido y menos coherencia.

No ayuda tampoco la acartonada actuación de unos protagonistas que no parecen entender qué les pide el director. Entre ellos, destaca un Mark Ruffalo muy incómodo haciendo de chulo malote, en vez de sus buenrolleros personajillos de comedia romántica.

XX/XY supuso el catastrófico debut en la dirección de Austin Chick -marido de Morena Baccarin- que naufraga con una sucia puesta en escena en la que los micrófonos asoman por los rincones del encuadre en repetidas ocasiones. Tardó seis años en tener otra ocasión de ponerse tras las cámaras después de su fallida opera prima, pero los resultados no fueron precisamente mejores (aunque fue premiado por Sundance el año en que su mujer era jurado).

En fin, al final me puse una película realmente mala. Fastidia especialmente encontrar tantas pretensiones de ser molona y rompedora sin llegar siquiera a interesante. Si habéis llegado hasta aquí, mi consejo es que no la veáis, seguro que encontráis algo mejor que hacer.

Nota: 1
Nota filmaffinity: 5.5

miércoles, 16 de mayo de 2018

Batman: la LEGO película


Después del chorro de frescura que traía consigo la LEGO-película, me alegré al ver que iban a coger al mejor secundario de la película (Batman) y desarrollar una película sólo para él. Cuando empecé a ver los trailers (espectaculares), me tenían realmente comprado. No dudaba que iba a ir a verla. Y luego, pues no fui. Cosas que pasan, el tiempo es el que es y claro…

Una noche de estas de calor, un poquito amodorrado de casa, pues tocó arreglar el asunto.

¡Que alergía, que alboroto, otro perrito piloto! La película da lo que promete: un bombardeo de gags, chorradas y zaranganadas a costa de los personajes del universo DC, con estupideces, ingeniosidades y otras bastardadas. Hay espacio para humor y gags de todo tipo: parodias a las diferentes versiones, guiños a otras películas, diálogos afilados o ingeniosidades sin sentido. Se nota que es una película hecha con pasión, incluso dentro de su absurdez.

Al final lo de menos de la película es su argumento. Básicamente, Batman se ve obligado a aceptar a Robin (Reaggeman) muy a su pesar, mientras que el Joker libera a todos los malos de la zona fantasma debido a una crisis de personalidad porque Batman no le hace casito. A partir de ahí, se sucede un festival de colores, chorradas, carreritas y acrobacias. Que sí, que a la que te paras a pensar, el asunto no tiene nada de sentido (ninguno). Pero a su manera, mola. Y mucho.

Se trata de una película para niños de todas las edades. Los más pequeños disfrutarán con el bombardeo de colorines, mientras que los más talluditos podrán jugar a encontrar el mogollón de guiños a los comics, a las películas de Batman (las de Burton, de Schumacher, de Nolan), o a la propia serie de Adam West.

No para de vomitar chistes  en cadena. El ritmo es tan vertiginoso que si no es uno, es otro el que funciona, así que las risas están aseguradas. Apenas has podido disfrutar de la burrada que han soltado y ya te han tirado cuatro chistes más en los morros, lo que puede llegar a saturar. Han querido poner tanta cosa que el film queda sobrecargado, provocando que chistes no funcionen por culpa de pura saciedad. Pocas veces me he encontrado que una COMEDIA me haya dejado agotado mentalmente, con el cerebro frito por el exceso de información y brío.

El conjunto es un verdadero locurón. Cualquier concepto susceptible de ser construido por LEGOs puede aparecer en pantalla, por lo que es imposible predecir qué o quién demonios va a ser el siguiente en desfilar. Por ello, la película cuenta con un chorrón de apariciones estelares a modo de cameo miniaturil de lo más granado. Sauron o Voldemort son apenas un par de ejemplos de ello. Lo más curioso es que la película abraza con tanto entusiasmo el aroma del “todo vale” que ninguna de las incongruencias que se suceden incomodan lo más minimo. Al contrario, aumenta el nivel de molabilidad de todo el engendro.


Pero nada de este tinglado funcionaría si no fuera porque tenemos a Batman al frente de todo. El ladrón de escenas de la LEGO película es ahora el rey absoluto del festín. Se capta y ridiculiza los rasgos más característicos de las diversas encarnaciones del murciélago (solitario, ególatra, orgulloso…) para choteo del personal y vergüenza del chorrón de proyectos  del pasado, presente y futuro de la DC, además de incluir un fantastillón de referencias de la cultura friki. Cualquier cosa es posible y Batman es un gran pegamento.  

La animación es similar a la que vimos en LEGO película, muy diferente por tanto de la fluidez que acostumbramos  a ver en las propuestas de Pixar. En efecto, los personajes se mueven con brusquedad, de modo parecido al stop-motion, pero aprovechando el CGi para generar un universo lleno de lucecitas y colorines en el que todo es deconstruible a base de piezas de LEGO. Me consta que la estética super-deformed incomoda a más de uno, pero una vez estás acostumbrado, se puede ver sin problemas.

Además de la animación, muchos encontrarán problemas en un tratamiento tan chorra de los súpers, convertidos en puro motivo de choteo para niños (¡herejía!). De la misma manera, su endeblez argumental provoca que muchos gags sean intercambiables. Podríamos trasladar la película al universo Frozen de LEGO (Why not) y la película no cambiaría… mucho.

Tal como ocurría en LEGO película, no es más que un mega-anuncio de muñequitos de dos horas, pero me hace reír tanto que lo disfruto igual. Al final no es más que un extenuante (mucho) entretenimiento tan lleno de risas como de respeto por el material original. Quizás si se hubiera bajado el ritmo, permitiendo que durara 10-15 minutos más, sería menos agotadora, pero es disfrutable igualmente. ¿Os imagináis este engendro en imagen real? ¡Qué difícil sería y qué mal quedaría!

Irregular, sin apenas argumento y gags desiguales, pero que despiporre de Batman película, ¡oiga!

Nota: 6
Nota filmaffinity: 6.4


lunes, 14 de mayo de 2018

Cronos


Después de unas cuantas chorraditas, pongámonos hoy con algo más serio. La verdad es que llevaba tiempo con la idea de ponerme con la primera película de Guillermo del Toro. Hay que completar la filmografía de uno de mis directores favoritos y, por fin, la he cogido por banda y disfrutado como se merece.

En algún lugar de México, un anticuario bien entrado en la madurez encuentra un extraño aparato de forma insectoide. Al intentar operar con él, recibe un doloroso pinchazo. Al día siguiente, se siente rejuvenecer, henchido de fuerza y vigorosidad. Sin embargo, poco a poco descubre que ha adquirido una adicción a los pinchazos del aparato, además de cierta alergia a la luz solar…

Sí, como podréis imaginar, estamos ante un inusual acercamiento al mito del vampiro, pero desde un punto de vista muy extraño. Aquí no tenemos traumas arrastrados por la eternidad, dientes afilados, murciélagos o purpurina. La aproximación viene a través de la “ciencia” y la alquimia, una especie de sangriento y macabro elixir de la juventud, más que de arrancar almas y beber sangre virginal.

La magia de Del Toro se hace notar desde el primer momento. Quizás no te esté enseñando nada extraordinario, pero la sensación de que algo malo va a ocurrir asoma desde todas las sombras. En cierto modo, me ha recordado al Terciopelo azul de David Lynch, mostrando una realidad pervertidamente imposible. Reconocible, y al mismo tiempo, alienada con nuestro día a día. Somos testigos del involuntario descenso a los infiernos de su protagonista, un amantísimo abuelo que no quiere otra cosa que vivir en paz, pero que va reconociendo a regañadientes, su condición, reaccionando aterrado cuando se da cuenta de que cualquier día se comerá a su nieta si continua al lado de ella…

A ello contribuye el espectacular trabajo de un ya veterano Federico Luppi, que muestra su talento al encarnar al íntegro abuelo. Se come cada escena en la que aparece, magnetizando la mirada del espectador, que sufre con él las transformaciones de su carácter. Por su parte, Guillermo del Toro inicia su relación con el que será su actor fetiche, un Ron Perlman que cumple el papel de “Igor”, personaje recursivo para el director, que siempre le encuentra un rinconcito para que pasee su carisma y su fea cara. ¡Qué mala leche que llega a tener aquí!

Sin embargo, Del Toro no tenía ni un durete de más para gastar. Los medios son paupérrimos, obligando al director a tirar de imaginación para sacar adelante las escenas más difíciles. Duele ver las decisiones obligadas por la necesidad y da que pensar qué hubiera podido hacer Del Toro si hubiera tenido acceso a un presupuesto mínimamente decente. Me pregunto si alguna vez habrá pensado en realizar un remake con sus recursos actuales.



Aun así, su innegable modestia no impide apreciar el tremendo ejercicio de estilo de este jovencito que nadie conocía. La capacidad de fascinación de Cronos está fuera de toda duda, no en vano se las arregló para llevarse un par de premios importantes en el Festival de Cine de Sitges (guión y actor, impresionantes ambos) y ser seleccionada a concurso en Cannes. Pronto todo el mundo quería saber quién era ese loco mexicano que era capaz de romper tantos esquemas preconcebidos. Evidentmente, arrasó como pocos en los premios Ariel de su año, no iba a ser menos.

Como cualquier película que se basa más en crear una atmósfera insana que en golpes de efecto, peca de tener un ritmo lento. No obstante, esta interesante vuelta de tuerca al manido género del vampirismo se las arregla para aportar una buena dosis de frescura al tópico, destacando por su capacidad de fascinar a un espectador con buena disposición. Si hubiera tenido un presupuesto mínimamente decente, estaríamos hablando de un auténtico referente, sin duda.

Nota: 8
Nota filmaffinity: 6.2

domingo, 6 de mayo de 2018

Cuerpo de élite


¿Qué hacer cuando diluvia en Escocia y no puedes ni salir a hacer turismo? Pues seguir viendo películas chorras. Toca otra parodia, aunque ésta sea algo más nuestra.

Cuerpo de élite (no confundir con Tropa de élite) es el nombre de la organización más recontrasecreta del servicio secreto español. Tras una operación de final trágico, el Ministro de Defensa se ve obligado a reclutar a un nuevo grupo de agentes con el objetivo de atrapar a un loco terrorista que quiere detonar la bomba atómica de playa de Palomares. El puñado de patanes de diversa procedencia (a cada cuál más esperpéntico) que es reclutado, deberá superar sus diferencias territoriales para así evitar que la puerta del Sol (como el año que fue, otra vez el champán…) sea volada la noche de fin de año

En su momento una película que pasó relativamente desapercibida, ha sido muy acertadamente resucitada como serie (a juzgar por la audiencia). Ambas propuestas partes de los mismos principios: Reirse y ridiculizar todos los tópicos regionales habidos y por haber, mientras parodia a nuestra manera chusca y cutre las películas de grupos de agentes de superélite que tan de boga están últimamente.

Ahí radica el mayor de sus aciertos: sabe reírse mucho de su misma y no busca más que arrancar unas cuantas risas y provocar un poco de cachondeo a costa de los tópicos regionales y los ataques de pielfinismo de unos y otros. La calidad de los gags es cuestionable, pero el bombardeo es de tal magnitud que alguno acaba haciendo diana y te saca una risita tonta aquí y allá (La presentación del prota con “Pongamos que hablo de Madrid” enlazada con “Un año más” casi hace que me caiga del asiento ^^), especialmente si casas con el humor de Vaya Semanita o Muchachada Nui). Los actores, digamos amablemente, cumplen sin tampoco verse muy exigidos; destacaría a Carlos Areces, cuyo peculiar Ministro de Defensa tiene su miga y a Jordi Sanchez, tan inseparable de su papel de Sr. Recio como objeto de los mejores gags de la película.

Obviamente, se trata de una película que no destaca por su fotografía (ejem), sus trabajados escenarios (ejem ejem) o sus cutrillos efectos especiales (we….). Tampoco su desarrollo denota un especial virtuosismo, con evidentes problemas de ritmo y una alarmante falta de profundidad,  pero bueno, si los yanquis pueden tener su American Pie, aquí podemos tener (y orgullosos) Cuerpo de élite.



Al final, la película es lo que es, lo que quiere ser. Una tontá bien grande con la que pasar la tarde, echar unas risas y poco más. No sé qué podrías estar haciendo intentando verla con aspiraciones de que fuera otra cosa.

Nota: 4
Nota filmaffinity: 3.9

viernes, 4 de mayo de 2018

Austin Powers - Miembro de Oro


Durante mi exilio escocés, mi hermano decidió hacer una visita sorpresa para descubrir el país y de paso provocar un pequeño cambio en mi rutina. Como la isla es la que es, coincidió con tres días de tormentas bien consistentes (con granizo bien gordote), así que no había más remedio que abusar de Netflix para hacer tiempo por las tardes en las que no se podía ni ir al pub. Como la idea de este festival fílmico casero era la de desconectar y apagar el cerebro un ratillo, apetecían películas chorras, como la primera que nos pusimos. Goldmember.


Cuando fui al cine a ver esta película, allá por 2002, el tema de parodiar a Bond estaba ya un poco gastado, especialmente tras ver la película  de 007 de ese año (Muere otro día), así que no es que estuviera muy motivado. Curiosamente, salí con la conclusión de que Austin Powers era incluso menos absurda.  Pasado este tiempo, al volverla a ver, me di cuenta de que Goldmember ha satirizado la línea temporal de James Bond antes de que ocurriera. Primero: las “cosas raras” de Spectre – convertir la animosidad entre hermanos en el conflicto principal entre Bond y Blofeld – ya salía en Goldmember, con Powers y el Dr. Maligno. En realidad, es justo lo contrario: Blofeld odia a Bond por ser el hermano (adoptivo) mayor que ve en Bond el niño mimado de la familia, mientras que el Dr. Maligno, huérfano, no sabe que él y Powers son hermanos y pasan a colaborar en cuanto lo descubre…. Pero igualmente la coincidencia es sorprendente. En Goldmember, la broma se mofa sobre las tonterías casuales como ésta que suelen aparecer en las historias de espías que no saben cómo tirar para adelante. Ahí es donde toca felicitar a Austin Powers. Es una parodia tan bien hecha que se ha creado una imagen, y ya pocos la consideran como una “parodia de” sino como una película de ¡Poooowerrrrrssss!

A estas alturas el tema de espías cachondamente patosos está algo más trillado (kingsman, Johnny English), e incluso los espías serios se tiran a estas cosas (Spectre), pero en su momento, la salida de Austin Powers levantó polvareda como pocas. Divirtió y escandalizó a un porrón de gente, con su extraña mezcla de absurdez y escatología. En ésta, su tercera entrega, se sigue la rutina de un guión disparatado en el que embutir todas las chorradas posibles, sometiéndote a un bombardeo de gags por todos lados… sin perder la referencia de su trama (vale, muy Austin Powers, pero consistente a su modo).

A cargo de TODO el tinglado (guión, dirección y unos cuantos papeles) tenemos a un Mike Meyers más desatado que nunca, que lo da todo en un papel pasadísimo de rosca, divertidísimo si eres capaz de degustar su “fino” humor. El Dr. Maligno, Gordo Cabrón y el propio Austin Powers, unos personajes loquísimos que se han grabado a fuego en la imaginería popular. No olvidemos tampoco a un autoreferencial Michael Caine (mismo personaje que haría posteriormente en Kingsman xDD), que estoy seguro que se lo pasó en grande en el rodaje; además de Beyoncé, en la que es, probablemente, su mejor actuación. También hay que felicitar a Mike Meyers por su habilidad para introducir un chorrón de cameos sin que por ello se resienta la trama. Si es que, una vez has visto la película una vez, puedes repetir y jugar a ver cuántas caras eres capaz de reconocer (John Travolta, Steven Spielberg, Kevin Spacey, Danny DeVito, Tom Cruise, Britney Spears, Ozzy Osbourne and family o Gwyneth Paltrow…)

El doblaje en español corre a cargo del cómico Florentino Fernández que también dobló a Mike Myers en la anterior entrega. Sé le nota más suelto y acomodado al personaje mejorando el trabajo realizado en la segunda parte. Muchos de los gags son juegos de palabras difíciles de traducir a otro idioma así que en ocasiones se opta por adaptar los chistes al humor español como cuando Austin y su padre hablan utilizando las expresiones de Chiquito de la Calzada.

Una mención especial para Verne Troyer, recientemente fallecido, que encarnaba a uno de mis personajes favoritos de juventud, el inclasificable MINI YO. Alcohol y depresión, mala combinación. DEP

Pero bueno, concluyendo. Austin Powers – Miembro de oro es una película realizada por un desvergonzado para gente con ganas de reír y muy poca vergüenza ajena. No pasará a la historia por su argumento (tan nimio que ni lo he comentado, baste decir que no molesta en absoluto) sino por su horterismo, su búsqueda del absurdo y por la enorme cantidad de chorradas que Meyers es capaz de meter en apenas 90 minutos. Es una película para descojonarse a lo bestia, justo lo que necesitábamos cuando lo necesitábamos.

Nota: 6
Nota filmaffinity: 5.0

martes, 3 de abril de 2018

Speed Racer


Después de arrasar las taquillas de medio mundo con la trilogía de Matrix, los (por aquel entonces) hermanos Wachowski podían permitirse hacer cualquier cosa. Nadie les diría que no. A pesar de cinco años de silencio desde la irregular conclusión de la saga, su prestigio seguía intacto y la Warner no se atrevió a rechistar cuando anunciaron que iban a adaptar un mediocre anime setentero que casi nadie recordaba. Pobres.


Ya en la perversa presentación del logo de WB contemplamos, un aviso de lo que se nos avecina: un caleidoscopio de lucecitas y colorines, una orgía de colores y escenarios virtuales (¿todos?). En fin, un videojuego llevado a la pantalla grande con toda su desmesura y su falta de lógica. Realmente, estuve toda la película buscando mi mando con el que poder manejar el bólido blanco y conseguir que Speed Racer (toma nombrecito) ganara la carrera. Esta improbable mezcla entre Mario Kart y ForzaMotorsport desborda casposa excentricidad por los cuatro costados. Desde sus factorías Willywonkianas hasta sus carreras por parajes imposibles, pasando por su imaginería retrofuturista sin ningún atisbo de msesura, Speed Racer mezcla la estética de las carreras Indy de los setenta con los sueños húmedos del Philip K. Dick más desnortado. Con esta película, las Wachowski demuestran que pocos creadores están a su altura en cuanto a poderío visual (y que están a la altura de casi ninguno en el resto de apartados xD).


Si algo duele –y mucho- al ver Speed Racer es el poco sentido de su guión. Condensa en 150 minutos la trama completa de los 52 capítulos del anime Mach GOGO GO! (Meteoro en España), precursor de los Oliver y Benji que tan famosos se hicieron posteriormente. Si alguien se atreve a ver hoy día algún episodio de este anime perdido en el tiempo, podrá sorprenderse con la baja calidad de su animación, la abundancia de sucesos sin sentido y los erráticos giros de su trama. Las Wachowski trasladaron la imaginería de la serie, sus personajes y sus elementos distintivos a la gran pantalla sin ningún tipo de adaptación al medio, con el consiguiente despliegue de diálogos besugueros y situaciones incomprensibles (Piloto X con la máscara y las gafas de sol puestas cuando se va a la cama, por ejemplo), amén de la presencia de un chimpancé y un humano de su misma talla y cociente intelectual…


Pero bueno, centrémonos en su argumento: Una familia de pilotos // constructores de bólidos, los Racer (gran apellido) se propone luchar contra las mafias que amañan los resultados de las carreras por medio de participar en las mismas y derrotarles sobre la pista (!); para ello, mandan a su mejor piloto, Speed (todavía mejor nombre) a competir una suerte de circuitos imposibles y sortear trampas y artificios propios del ínclito Pierre Nodoyuna. En ese sentido, nada que no hayamos visto desarrollado con más acierto en propuestas tan cuestionables como Cars o Aviones. El ritmo brilla por su ausencia en esta sucesión caprichosa de excéntricas carreras que sólo emocionarán a los más pequeños de la casa.

Sin embargo, si somos capaces de apagar la lógica, podemos entretenernos disfrutando de las impresionantes tomas de las carreras y la sensación de velocidad que generan los bólidos. En el fondo… ¿es una película? ¿No es acaso un precursor de los streamers videojueguiles de hoy en día? Centrémonos: Los alocados circuitos que dan patadas a la lógica son las diversas fases que un anónimo jugador debe superar para pasar el juego, la profundidad de los diálogos y el “prodigioso” trabajo de sus actores conforman los videos entre nivel y nivel y, sobretodo, el apabullante apartado visual no es más que el músculo de la consola de turno dando todo lo que tiene para demostrar que nos hallamos ante un AAA de las carreras. ¿Acaso no comparte características con el videojuego siguiente?


Misma profundidad argumental, mismas patadas a la lógica y mismas excentricidades divertidas. Puede que Speed Racer provenga de un anime, pero es un videojuego convertido en película con el mínimo de cambios.



Este abuso del croma es una buena muestra del onanismo que las Wachowski han demostrado a lo largo de su carrera: Es un “hacemos lo que nos da la gana” en toda regla. Por ello, se hace dificil catalogarla dentro de unos parámetros normales. Es una mamarrachada sin sentido, pero ¿puedes apreciar su estética videojueguil y disfrutar de su originalidad?  Mi recomendación sería que narcotizases un poco (bastante) el cerebro, reunieras a unos amiguetes con unas birras y la pantalla más bestia que puedas encontrar, para así deleitarse con una interesante vacuidad sin más expectativas que disfrutar con todas las flipadas técnicas que se te arrojan. Puede que el conjunto sea una patata, pero ahora mismo lamento no haber ido a ver Speed Racer en el cine cuando tuve oportunidad.

Nota: N/A (Este engendro no puede calificarse de ninguna manera, juega en otra liga)
Nota filmaffinity: 4.9

Publicado previamente en CInéfagos AQUI

miércoles, 28 de marzo de 2018

Alien 3


Recuerdo, en mis años de mozalbete, el respeto que le tenía  al Xenomorfo. No había visto ninguna película, pero las imágenes ya bastaban para infundirme tremendo respeto. Un día en que me había quedado solo en casa, pusieron Alien3 por la tele, y decidí armarme de valor para verla. Fue toda una decepción, más allá de un monstruo feote, no entendí dónde estaba el revuelo. Años tardé en ver sus predecesoras y entender lo que era el terror… Inspirado (ejem) por el podcast de Carne de Videoclub, decidí pegarle un repasito a la película de Alien que hacía más tiempo que no veía, ni que sea para reafirmarme en mis recuerdos.



La película además empieza mandando a tomar viento la entrega anterior. Se mata a todo dios superiviente y volvemos a tener a Ripley encerrada (en este caso, en una cárcel) con un puñado de víctimas propiciatorias y un Alien dispuesto a todo. La diferencia es que ya es la tercera vez que Ripley se encuentra con los Xenomorfos y ya empieza a estar un poquito harta. No podemos olvidar que una vez que has visto lo peor que el Universo puede arrojarte y has salido viva, no vas a encontrar nadie más duro que tú.

Me agrada la localización de la película. La Saga de Alien llega a su máxima expresión en lugares cerrados, en los que la claustrofobia se suma a la peligrosidad de una muerte segura. Sin embargo, luego no se aprovecha la misma casi para nada. Parece más bien que nos hallemos encerrados en un mundo medieval con un par de pistolas por ahí. La escena de la fundición mola bastante, no lo vamos a negar, pero el resto de la película varía entre feota y cutre. Los escenarios son simples tubos sin gracia visual en los que meter a un Xenomorfo algo perruno (la única innovación interesante de la entrega) y poco más.

Así mismo, también tiene el problema de que no hay nadie ni remotamente al nivel de Sigourney Weaver. Vale que aquí ella ya es una auténtica estrella y no hay nadie mejor para ser la puta ama, ¡pero el resto del elenco se ve reducido a papeles de comparsas masillas casi en su totalidad! No es que lo hagan mal (bueno, sí), es que el guión no les deja otra opción.

A posteriori, resulta extraño comprobar la presencia de un director tan personal como David Fincher detrás de la película. Rascando un poco más, uno puede entender que se trata de su película debut, de la que él siempre ha dicho que falta casi la mitad de la misma. No voy a discutir sus declaraciones, pues se hace obvio que la trama está mal hilvanada, como si faltaran diálogos y escenas. Incluso un par de personajes “desaparecen” y a nadie parece importarle.


En fin, después de que Ridley Scott pariera al bicho más temible del Universo y Cameron ampliara su mitología como nadie pudiera haber previsto, ¿En que pensaban los de arriba? Con el material de partida se tenía un gran oportunidad para cerrar una trilogía a lo grande, pero bueno,  deciden dárselo a un novato con talento, al que torean por todas partes, le imponen el guión y encima culpan del resultado.

Por lo menos se puede apreciar que la acción está bien rodada y Fincher se guarda un par de escenas que aprovechan a la Ripley más carismática para que la película no de la sensación de timo completo. Habitualmente considerada como la peor de la saga (con todo merecimiento), sólo se podría salvar porque es capaz de proporcionar dos entretenidas horas de acción y por ELLA.

Nota: 3
Nota filmaffinity: 5.9